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Cuando la disposición a ayudar provoca problemas

 

“(…) Una estrella de cine de Hollywood encabezó una campaña para evitar que una fábrica del norte de Tailandia empleara a niños menores de edad. Presionó a cierto minorista de ropa deportiva que canceló sus pedidos a la fábrica y ésta tuvo que cerrar. Ahora los padres de los niños, que acaban de quedarse sin empleo, tienen que vender a sus hijos como esclavas sexuales en Malasia debido a la pérdida de ingresos tras cerrar la fábrica(…)”

John Burdett “Bangkok Tatoo” (Pag. 249)

Hace años que leí esta novela y este párrafo nunca se me ha ido de la cabeza. Hace unas semanas ojeando libros en una librería me llamó la atención uno sobre Bono, líder de U2, (Bono: En el nombre del poder) donde el autor mostraba las consecuencias negativas que sus iniciativas de corte político y humanitario habían provocado.

No es mi intención hablar sobre lo que esconden las campañas humanitarias de las estrellas. Vivimos en una cultura donde se fomenta tanto la individualidad y la competitividad, que la disposición a “ayudar” al prójimo es algo muy valorado y “bien visto” en nuestra sociedad. Además somos un país donde la religión católica tiene mucho peso en la educación, y el ayudar al prójimo es algo muy importante para el catolicismo.

Yo me dedico a una “profesión de ayuda”, donde la gente suele acudir a mi consulta para que les “ayude” a solucionar algún problema. Al mismo tiempo he observado que algunas personas que he tratado tienen una tendencia muy arraigada para ayudar a gente querida, siendo esto un elemento causante de malestar emocional.

Desde mi experiencia como psicólogo la actitud de ayudar puede provocar con mucha más facilidad frustración, rabia y dependencia que alegrías o satisfacciones en las personas.

 

¿A que me refiero con actitud de ayudar?

Más que pequeñas muestras de solidaridad cotidianas (acompañar a un ciego a pasar la calle o ayudar a subir un carrito de bebé a un autobús), me refiero a situaciones donde la persona que ayuda invierte un tiempo y un esfuerzo considerables en ayudar al otro. Puede ser proporcionando dinero a una persona que lo necesita, apoyándola a la hora de resolver un problema o mediando entre dos personas para resolver un conflicto. La persona ayudada suele tener una relación muy estrecha con el “ayudador” bien de parentesco, como pareja o una amistad muy estrecha.

 

¿Cuando la disposición a ayudar puede provocar problemas?

Te voy a mostrar las variables que determinan cuando nuestra disposición a ayudar puede provocar más daño que sanación.

 

 1.    Ayudar cuando nadie nos lo pide

No hay que confundir lo que yo planteo en este punto, con ofrecer nuestra ayuda a alguien que consideras que puede necesitarla.

En el ofrecimiento, el otro puede aceptarla o rechazarla. Cuando uno ayuda sin que el otro lo pida, de alguna manera le está imponiendo su ayuda.

Esto puede provocar en la persona ayudada:

  • Acomodarse. “¿Para qué esforzarme en resolver un problema cuando éste me lo va a resolver?”
  •  Desvalorización. “No confía en mis aptitudes para resolver este problema”
  • Dependencia emocional. “Necesito a alguien que me ayude a resolver los problemas”

 

2.    Cuando ayudar es una renuncia

Imagínate que alguien te ha pedido ayuda y tú se la das amistosamente. O que tengas a tu cargo alguna persona con algún tipo de problema (hijo, padre o pareja) que requiera de mucha presencia por tu parte.

Tu felicidad depende de tener cubiertas áreas de tu vida como las relacionadas con responsabilidades (trabajar, estudiar, voluntariado en ONG o tener una persona a tu cargo), tiempo que te dedicas a ti mismo (estar con amigos, practicar un deporte o desarrollar tus aficiones), tener una pareja (para la mayor parte de la gente compartir con otra persona un proyecto de vida es muy enriquecedor) y sentirte en armonía con tu familia (mantener un contacto con éstos, sentirte que tienes un lugar en la misma y que la relación con estos es fluida)

Si el ayudar hace que alguna de estas áreas esté abandonada, supone que probablemente te sientas:

  • Frustrada. “No tengo tiempo para mi”
  • Hostil hacia la persona que ayudas.
  • Desenergetizada y agotada

 

3.    Ayudar me hace ser mejor persona

Te pido que hagas un pequeño ejercicio de honestidad.

Reflexiona en relación a cómo reacciona la gente de tu entorno ante tu disposición a la ayuda: ¿Te ponen como ejemplo ante otras personas?¿Te comparan con otros y tu sales mejor parado en esta comparación?

En relación a ti: ¿Te resulta más fácil dar ayuda que pedirla? ¿Sientes que estás tan volcado en los demás que te olvidas de tus propias necesidades?¿Te gusta que te agradezcan el mucho esfuerzo que pones en ayudar?¿Esperas de los demás la misma implicación para ayudar que tienes tu?

Los riesgos de estas actitudes son:

  • La soberbia. Considerarte mejor/ necesario/imprescindible
  • Falsa autosuficiencia. Pensar que tú puedes ocuparte de todo.
  • Incomprensión. Sentirte que los demás no son capaces de ponerse en tu lugar

 

En mi experiencia he observado que estas tres características dificultan la recuperación de personas con adicciones, niños con dificultades, cuidado de personas mayores, problemas de ansiedad o problemas de depresión.

Si convives con alguna persona con alguno de estos problemas y te sientes identificado con alguno de los mecanismos mencionados, probablemente tu actitud está dificultando más que ayudar.

A veces detrás de la actitud de ayuda incondicional, existen carencias emocionales que al final se manifiestan en forma de síntomas 

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3 comentarios
  • Muy buen post!!

    Invita a reflexionar,nunca lo había pesado de la manera que tu lo expones, pero es realmente cierto todo lo que dices.

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    • Me alegro que te invite a reflexionar!!! Muchas gracias por tu comentario

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  • Muy buen post!!

    Invita a reflexionar,nunca lo había pesado de la manera que tu lo expones, pero es realmente cierto todo lo que dices.

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