Soy un adicto y estoy harto de psicólogos

 

“Pues sí, soy un adicto y estoy harto de ir a hablar con psicólogos”.

 Esto lo dijo recientemente un paciente en mi consulta, bajo la angustiada mirada de la madre y la pareja de éste.

No es la primera vez que  escucho una frase así  a un paciente con adicciones.  En este caso me ha hecho reflexionar.

 

¿Qué hay detrás de esta afirmación?

El 80% de personas que se ponen en tratamiento lo hacen teniendo una actitud ambivalente hacia la adicción. Son conscientes de los problemas que acarrea su adicción  y a la vez no hay una disposición total para renunciar a todo lo que les proporciona este consumo (evasión, placer o reprimir estados emocionales desagradables).

Las personas cercanas a ésta llevan tiempo intentando que vaya a un profesional. En un momento concreto ya sea por los sentimientos de culpa que tiene la persona con adicción o por los “ultimátum” de los allegados de éste (“Si no acudes a un profesional me separo de ti, te vas de casa o no volveremos a dirigirte la palabra”) decide ponerse en tratamiento.

 

Eficacia de un tratamiento psicoterapéutico

Acudir a un profesional de la salud mental (psicólogos, psiquiatras o médicos) y que el tratamiento sea exitoso, depende de una serie de actitudes tanto del profesional como del paciente:

Por parte del profesional es necesario que sea flexible, no tener expectativas sobre lo que debe hacer o dejar de hacer el paciente, objetividad y sinceridad .

Por parte del paciente:

  • Reconocimiento de un sufrimiento que no ha podido superar por sí mismo.
  •  Disposición a compartir su dolor con alguien ajeno a su entorno.
  •  Deseo de cambiar algún aspecto relacionado con la emoción, las creencias o  la forma de comportarse.

El primer objetivo del profesional es que el paciente sea plenamente consciente de estas tres variables. A veces el paciente es plenamente consciente de ello desde la primera sesión y otras veces necesita un tiempo para experimentar estos tres elementos.

 

¿Cuándo los tratamientos en personas con adicciones no funcionan?

Todo problema que tiene una persona afecta irremediablemente al entorno de ésta (familia, pareja, amigos o compañeros de trabajo). A veces es el sufrimiento que produce mi problema en este entorno, lo que me ayuda a darme cuenta de que tengo un problema.

No es lo mismo que mi disposición para cambiar este motivada más por el daño que causo a este entorno que por el daño que me produzco a mí mismo. Cuando ocurre esto alguna de las actitudes comentadas previamente  no están presentes.

Si tú, que estás leyendo este artículo, eres una de estas personas allegadas puedes pensar que una de las funciones del psicólogo es cambiar esa motivación y ayudar al paciente a desarrollar las actitudes comentadas previamente…

Te cuento mi experiencia al respecto. No dudo que haya profesionales capaces de cambiar la disposición del paciente hacia su problema. Yo no he conocido a ninguno. Yo me considero más un “currante” que asume que ese cambió sólo lo puede hacer el paciente.

 

Indicadores de que el paciente está implicado en la terapia

Algunos signos que pueden significar un cambio en la actitud del paciente son:

  • Éste y sólo éste se preocupa por cuándo y a qué hora tiene las consultas.
  •  Se mantiene  tratamiento durante un mínimo de 6 meses y un año de duración.
  • Decide implicarse en terapias grupales de apoyo.
  •  Si es un tratamiento privado él con su esfuerzo o dinero se lo costea.

 

¿Qué puedo hacer si no hay disposición para cambiar en la persona con adicciones?

Quizás en otro momento de mi vida ese “Soy un adicto y estoy harto de psicólogos” podría suponer un reto para mi, con su consecuente sobresfuerzo para demostrarle “que no soy un psicólogo más y que conmigo puede conseguir lo que no ha conseguido con otros”.

Ahora lo que me despierta es un profundo respeto, pues más allá de la manipulación que hay en esta afirmación,  está afirmando que no hay una disposición real para hacer ese cambio del que he hablado antes.

Esto significa que no compensa que los allegados inviertan más tiempo o dinero en tratamientos para el paciente pues éste no está receptivo hacia los mismos.

Lo importante de llegar a esta conclusión es que quizás la persona que tiene disposición real para hacer un tratamiento no es la persona con una adicción, sino el propio allegado (pareja, madre, padre, hermano, etc). Seguramente éste cumple los tres criterios necesarios para que una terapia funcione.

Y mi experiencia me dice que los cambios  en las personas cercanas a la persona con una adicción, aunque muchas veces son dolorosos, produce resultados beneficiosos para todos los miembros de la familia.

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About the author

Oscar Guinea (http://oscarguinea.com/) - Psicólogo especializado en adicciones, experto en terapia familiar y Constelaciones familiares. Desarrollo mi trabajo en mi consulta en Alicante conjunto con las tareas fascinantes de ser padre y blogger.

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