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¡No¡ ¡No quiero ser buen psicólogo¡

Seis meses desde la última entrada en mi blog.

Es verdad que la disponibilidad que tenía antes no es la misma que tengo ahora. Nuestra hija, ya tiene dos años y medio, y la placidez con la que descansaba hasta ahora ha cambiado: necesita dormir menos horas y se despierta más frecuentemente por las noches. Podría justificarme con esto. Las justificaciones es una manera de evitar asumir la responsabilidad de nuestros actos, pero no estaría siendo honesto conmigo mismo.

En los últimos meses estoy poniendo mucha conciencia a mis niveles de exigencia. Lo que me ha llevado a darme cuenta  como la exigencia es un elemento casi omnipresente en la mayor parte de personas que acuden a mi consulta. Una terapeuta muy sabia y experimentada a la que quiero mucho  dice que “Los pacientes que tratamos nos dan unos regalos impagables: mostrar nuestras propias dificultades ante la vida”

Yo soy de los que piensan que las cosas no ocurren azarosamente (no creo en el azar). Siento que las personas que nos rodean son un espejo en el que se refleja nuestro sentir y nuestras necesidades insatisfechas, como si fuéramos un imán que atrajéramos a personas con sentimientos afines a los nuestros o con necesidades complementarias a las nuestras.

 

Sobre como vivo yo la exigencia

Es muy diferente embarcarse en un proyecto guiado por la brújula del “tengo que” o “debería”, que con la brújula de “disfruta de” o “aprende  de”. El primero me lleva por el camino del esfuerzo, la exigencia, la comparación con otros y el miedo; que me genera tal nivel de crítica que acabo agotado y exhausto. El segundo no me garantiza que el camino este lleno de calor, alegría y color, más bien al contrario, pero  me coloca en una actitud más ligera y receptiva.

La teoría la tengo clara. Entonces, ¿cómo aplico esto en mí día a día? Desde el cariño y amor hacia mí lo hago como buenamente puedo. Esto significa que en ocasiones cojo la brújula del “disfrutar de” y otras la del “tengo que”. Para mí lo importante es ser consciente de la elección que hago y asumir las consecuencias que esto acarrea, de tal manera que cuando elijo el esfuerzo y la exigencia no hundirme en las aguas movedizas de “no estoy a la altura”

Este blog es un buen ejemplo de la danza que hay en mi interior entre la exigencia y el disfrute. Llego un momento donde perdí la brújula del “disfrute”, y la brújula de la “exigencia” me dejó sin energías.

Te preguntarás el motivo por el que sabiendo lo perjudicial que es para mí (y para ti) la guía de la exigencia, seguimos cogiéndola…

¡Ay, querido compañ[email protected]¡ Eso nos lleva directamente al mundo de los ideales.

 

El ideal

Ser buen psicólogo. Ser buen amante. Ser buen esposo. Ser buen padre. Ser buen hijo. Ser buena persona…Cada buen implica un ideal de ser.

Voy a desarrollar el ideal de “ser buen psicólogo”. Si yo considero que tengo que ser un buen psicólogo, implica que en mi está el concepto de ser “mal” psicólogo.

 ¿Qué es para mí ser buen psicólogo?

  • Honesto con uno mismo. Por ejemplo reconociendo mi inexperiencia o dificultad con determinados caso y derivándolos a otros psicólogos con más experiencia en ese tipo de problemática.
  • Honesto con la persona que acude a mi consulta. Por ejemplo evitando alargar el proceso de terapia más de lo necesario.
  • Resolver mis dificultades personales para que estas no condicionen la relación terapéutica. Si yo tengo un problema para poner límites, no voy a ser capaz de hacerlo cuando la persona que acude a mi consulta es lo que necesita en un momento determinado de la terapia; de ahí la importancia de que el psicólogo acuda a otros psicólogos para resolver estas dificultades.
  • Tener una mente abierta para dejar de lado prejuicios, ideas preconcebidas o comportamientos paternalistas (ej. esto es correcto o incorrecto) para ser respetuoso con la persona y sus dificultades.
  • Valentía. Cada persona es un ente completamente diferente, que requiere tratamientos diferentes lo que supone arriesgarse a realizar intervenciones novedosas.

Todo esto suena muy bien, pero ¿Qué pasa cuando no soy capaz de cumplir este decálogo? Dejo de ser un “buen terapeuta” para convertirme en un “mal terapeuta”. La posibilidad de ser un “mal terapeuta” me genera culpa y frustración, actitudes que me llevan directamente  a “debería haber hecho A en vez de C” Si. A mi vieja enemiga “la exigencia”.

 

“Toda idealización empobrece la vida”

Esta frase la dijo el escritor Joseph Conrad ¡Cuanta razón tenía¡  Antes que psicólogo soy persona y puedo tener un mal día, como tú. No es posible estar siempre al 80-90% (al 100% se está muy excepcionalmente)

Hace unos meses me llamo una persona informándose sobre el tratamiento, quien me pregunto: “¿Tú eres buen psicólogo?, ¿Qué porcentaje de gente que acude a tu consulta soluciona sus dificultades?”  Le explique mi forma de trabajar  y como entiendo la psicoterapia 

“No. No quiero ser buen psicólogo, simplemente quiero ser psicólogo con mis puntos fuertes y con mis puntos débiles” Esto es lo que siento yo, y para mi soltar el lastre de la exigencia y el ideal es un auténtico alivio.

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Imagen extraída de http://www.exito-motivacion-y-superacionpersonal.com/image-files/corredor-exhausto.jpg

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