El secreto para prevenir adicciones en menores y adolescentes

 

Las causas de una adicción son múltiples. Todos los factores que influyen se pueden incluir en tres grandes componentes: Los biológicos, los psicológicos y los familiares.

No considero a las adicciones como enfermedades aunque reconozco que su abordaje es complejo , el papel de la familia en conseguir superarlo es crucial

Considero que los aspectos biológicos o genéticos son muy importantes en el desarrollo de cualquier persona. Lo que ocurre, es que a diferencia de los elementos psicólogicos y familiares, la capacidad de influencia directamente en los aspectos biológicos es mucho menor

Considero que la relación entre padres e hijos hijos son cruciales en el proceso de maduración de éstos. Muchos de los problemas que van a presentar los menores y adolescentes están estrechamente relacionados con dicha relación, y hasta los 20 años aproximadamente, la solución va a depender en un alto porcentaje de los padres.

De ahí que para prevenir una posible adicción sea tan importante la relación que se establece entre padres e hijos, donde la forma de comunicación que se establece entre éstos va a ser la herramienta más útil.

La comunicación fluida entre padres e hijos es el secreto para prevenir las adicciones en menores y adolescentes.

Te presento 7 maneras de conseguir una comunicación fluida con los menores y adolescentes

 

  1. Es imposible no comunicar

Las personas no sólo se comunican mediante el lenguaje, lo que se conoce como “comunicación verbal”. Lo que transmitimos mediante la postura corporal, los silencios, el tono de voz también es una manera de comunicarse (lo que se conoce como “comunicación no verbal”); de hecho es mucho más fiable el “cómo decimos las cosas” que lo “qué decimos”.

Para un menor la “comunicación no verbal” resulta más ambigua y menos clara que la verbal, de ahí que sea tan importante  tener una comunicación verbal fluida y honesta con ellos.

 

  1. Adaptar nuestro lenguaje y forma de transmitirla a la edad del niño

Cada niño en función de la edad asimila las ideas de manera diferente. Por ejemplo para un niño de 5 años el objetivo de la comunicación es transmitir normas o valores, y enseñar a cumplirlos.  Así cuando queremos transmitirle algo  al niño, lo hacemos en forma de cuentos o historias.

La finalidad con un adolescente es que pueda aplicar estas normas sin que el adulto este delante, por eso utilizamos un lenguaje directo y concreto.

 

  1. Evitar los “secretos familiares” o “temas tabú”

El único momento de la existencia de las personas donde el medio se adapta a nosotros y todas las necesidades se satisfacen inmediatamente es en el vientre de la madre. Desde el momento en el que nacemos, necesitamos adaptarnos a lo que nos rodea y esto siempre supone dolor.

Existe la creencia de mantener a los niños lo más alejados posible de lo que produce un “dolor emocional”. Así se les intenta mantener al margen de situaciones que  producen tristeza (por ejemplo no llevar a los niños a los funerales o a los hospitales) o vergüenza a los adultos. Todo esto  conforman los “secretos familiares” y “temas tabú”

Existe una “memoria familiar” que se transmite de padres a hijos de manera inconsciente, donde se incluyen todos los acontecimientos agradables y desagradables que han ocurrido en las familias de origen.

 Cuanto menos información obtengan los menores de los padres en relación a estos acontecimientos más conjeturas harán de lo que está ocurriendo y más probable es que busquen respuestas indiscriminadamente, por ejemplo amigos e internet. Con toda la confusión, ambigüedad y atracción ( “Lo prohibido siempre resulta atractivo”) que esto puede suponer.

Por este motivo, teniendo en cuenta el punto segundo, es recomendable:

  • Hablar de la muerte desde la naturalidad, como un hecho de la existencia.

 

  • Narrar la historia verdadera de la familia y, de los propios padres, sin ocultar los hechos más desagradables estimulando la curiosidad del menor en relación a cualquier acontecimiento: familiares fallecidos a temprana edad, “ovejas negras”, enfermedades mentales, muertes violentas, etc

 

  1. Coherencia entre lo que transmitimos y hacemos

Educar no es difícil, es agotador.

Si se le transmite a un hijo que  algo no nos gusta (por ejemplo ver T.V en las comidas), y luego el adulto lee y escribe guasaps durante la comida; es obvio que el menor nunca va a entender el motivo por el que se le pide que no vea la T.V mientras come. “Un acto vale más que mil palabras”

Ser coherente y congruente con lo que hacemos y decimos es una labor agotadora con todos los frentes que tenemos abiertos (trabajo, pareja, hijos, amigos o familia). Es casi imposible, llevarlo a cabo. En este punto es más importante darnos cuenta de nuestras incongruencias que cambiarlas, pues eso hará que podamos tener una actitud más flexible con los menores.

Siempre se habla de estimular aficiones en los menores como la lectura, el cine, las actividades deportivas o el contacto con la naturaleza. Los adultos somos el modelo para los menores, si quieres que tu hijo/a haga alguna de estas actividades hazlas con él.

 

  1. Actitudes que favorecen una comunicación fluida

Basar la relación con los menores en la confianza y la seguridad más que en comentarios ambiguos, de pasada o prohibiendo sin más.

Por ejemplo, si como padre has tenido algún problema de adicciones comparte tu experiencia con el menor sin buscar que éste le coja miedo y no se acerca jamás a dicha conducta adictiva. Como he dicho en el punto tres no es conveniente ocultar una cosa así.

Nunca he sido partidario de la visión que se promueve en los medios de comunicación en relación a las sustancias adictivas. No es una información objetiva, en la que se intenta intimidar al menor para que no se acerque a dichas drogas. En mi experiencia este tipo de publicidad tiende a producir el efecto contrario, esto es despertar el interés por dicha sustancia.

Nadie mejor que el que ha pasado por la experiencia para resolver todas las dudas que puede tener un menor sobre este tipo de sustancias. Puedes manifestarle que no te gustaría que probase una sustancia en concreto, no te recomiendo que se lo prohíbas.

Si no sabes nada del tema, busca una fuente fiable e infórmate

 

  1. Confirmar sus sentimientos en vez de cuestionar e ignorar

Los menores pueden ser una fuente de sabiduría para los adultos, pues ellos muestran sin tapujos lo que los adultos aprendemos a ocultar por vergüenza, soberbia o competitividad. Cuando corregimos sus comportamientos o sentimientos probablemente estemos negando  comportamientos  o sentimientos propios que no nos gustan, que son más fáciles de ver y juzgar en los demás.

Los errores más duros de perdonar en los demás son los nuestros

Piet Hein

 

  1. Respetar su derecho a la intimidad

En ocasiones las conductas controladoras y represivas para que un menor no consuma una determinada sustancia (oler aliento o pruebas de orina) son eficaces, pero como la mayor parte de las veces provocan un tira y afloja agotador para el adulto no soy partidario de hacerlo.

Hay una parte de la vida de los menores que no podemos controlar, esta posibilidad da miedo y angustia pero la confianza en que al final los menores elegirán lo que sea mejor para ellos acabará venciendo a estos miedos.

Además tú, que estás leyendo este artículo, eres un ejemplo de esto: has tenido momentos realmente duros a lo largo de tu vida, has cometido grandes equivocaciones y al final todo esto te ha ayudado a ser más sabio.

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About the author

Oscar Guinea (http://oscarguinea.com/) - Psicólogo especializado en adicciones, experto en terapia familiar y Constelaciones familiares. Desarrollo mi trabajo en mi consulta en Alicante conjunto con las tareas fascinantes de ser padre y blogger.

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4 comments

Hola Óscar, me parece interesante el peso tan grande que das a la relación entre padres e hijos como factor determinante en el desarrollo de la adicción en adolescentes ( que por otra parte resulta abrumador como padre).
Coincido contigo en la importancia de crear un clima de comunicación sincero y flexible en la familia. Yo destacaría dos cosas: no ser tan críticos, y respetar el silencio. Muchos padres cometemos el error de estar permanentemente criticando a nuestros hijos en un intento de … Educarles? Moldearles? Y acabamos creando un clima tenso y en el que el hijo se siente permanentemente evaluado, examinado, cuestionado.
Y respecto al silencio, coincido contigo en la importancia que das al lenguaje no verbal. Y el silencio lo es. Aprender a respetarlo e interpretarlo.
Gracias por tu post.

Gracias por leer el artículo y por tomarte tiempo para reflexionar sobre el mismo.
Considero que los factores biológicos o sociales tienen mucho peso en el devenir de una posible adicción, pero como considero que es más fácil manejar la relación directa hijo/a-padres hago más énfasis en esta.
A mi la tarea de ser padre, a veces, me resulta abrumadora. Nuestra hija tiene 22 meses y, por lo que escucho, conforme más se va haciendo mayor mayos consecuencias que tienen las decisiones que tomamos, siempre en aras de beneficiar al niño/a
Llevar razón la crítica es muy destructiva. Pienso que cuanto menos expectativas y deseos nuestros ponemos en los hijos menos critica hacia ellos habrá.
Muy interesante y acertado lo que dices sobre el silencio. Desde luego

Muy interesenante y tienes mucha razón. Un abrazo

Me alegra que coincidas con mi punto de vista, Manuel¡¡

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